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miércoles, 26 de agosto de 2015

Piezas de un puzzle


Quiero arrugarte la camisa, arrancarte un botón; ensuciar tus platos, hacerte reír un rato, viajar a Japón; rodearte con mis brazos, tropezar con tus zapatos, dedicarte una canción; desaliñar tu ensalada, abrazarme a tu almohada, dibujar en tu espalda, recorrer el desierto en bañador, calentar un helado, soñar que somos superhéroes en acción; regalarte un flotador, cocinar a fuego lento para dos, meterte un virus en el ordenador, ganarte con la PlayStation2, explotarte un globo en la cara, vigilar tu pantalón; robarte una mirada, visitar París en Nueva York, desearte un deseo, protegerte en un rincón; juntar la naranja y comerme un limón....

Pero más que nada... ¡quiero curarte el corazón!

martes, 25 de agosto de 2015

¡Miente Pinocho!












Era el mozalbete más apuesto de toda la aldea,
él no tenía que demostrar su hombría
porque contaba con una peculiaridad:
cuando mentía, el miembro viril le crecía.
Y, entre vítores y alabanzas, hacía felices a todas las muchachas.
«Miente pinocho», le pedían.
Y él a todas les surtía de su gran variedad de mentiras.
Pero un día el zagal se enamoró de una chavala;
la más casta y pura de toda la comarca.
Por primera vez se vio obligado a decir la verdad,
y comenzó a rechazar a todas las chiquillas del lugar.
Con su sinceridad… la “cosa” empezó a bajar.
Su enamorada, ya un poco más espabilada, se quedó asombrada.
Y, ni corta ni perezosa, le gritó apresurada:
«¡Miente pinocho, que el tamaño sí importa,
 y tú cada vez la tienes más corta!».
Y Pinocho le dijo que la odiaba y que no la desvirgaba.
Unos minutos después, nuevamente le aumentaba.

Este poema viene con moraleja:
Las mujeres toleramos alguna mentirijilla piadosa
si la causa es bondadosa".

sábado, 22 de agosto de 2015

¿Superheroína o villana?




Tengo un superpoder. Antes fantasmeaba con lo de ser una heroína para hacerme la interesante y que me preguntasen que qué podía hacer, y soltaba la primera estupidez que pasaba por mi imaginativa cabecita. Pues bien, independientemente de captar adeptos a mi club de la pregunta estrella o de marcar un punto a mi ego de graciosilla de turno, debo decir que ahora es verdad. ¿Alguien lo quiere saber? Perdonad, es la costumbre y como nadie pregunta... Total, os lo diré. Mi superpoder consiste en… tatatachán… ¡volver locos a los hombres! Sí, modestia aparte. Contened los insultos y las ganas de lanzarme tomates y/u otras hortalizas porque para mí ya es suficiente trauma sin añadir detractores. Y lo sé, volver locos a los hombres es genial; ser una diva, una musa, una diosa, o como diablos lo queramos llamar. El problema es que en mi caso es literal. Sí, de psiquiátrico, de camisa de fuerza, de pelos empinados y ojos hacia afuera.



El último me llamó jodida loca por "enamorarlo en dos días" ¿yo?, angelito del señor, y le respondí que estaba jodidamente loca de verdad por no mandarlo a paseo, pero que prefería ser una loca a una cuerda; las cuerdas atan, y yo quiero libertad. Además, a mí con unas carcajadas se me pasa, pero no tengo claro si es tan fácil en el caso de la bipolaridad reír, llorar, reír, llorar. Después me odió, me amó y se volvió a desenamorar. Y, así, tengo un montón de casos más. Los jueves toca visita al manicomio, que al final el roce hace la paranoia y nos tomamos cariño.
Hubiera preferido elegir mi poder y mi disfraz, porque con estas pintas no tengo muy claro que vaya a triunfar. Como personaje de Marvel no me van a contratar pero, digo yo, que unas risas me puedo pegar. Aún no tengo nombre, se admiten sugerencias; y no seáis hostiles conmigo, que aún no tengo un archienemigo.

viernes, 21 de agosto de 2015

Mi amor imaginario



Siéntate a mi lado y cuéntame tus secretos confesables. Déjame que yo te cuente los que no le diría a nadie. Necesito que me desees con pasión, no con locura; cámbialo por ternura. Juega conmigo en los columpios y quítame el miedo a crecer; a que los problemas me impidan sonreír por cualquier tontería. Hazme reír cada día. Déjame que te haga vibrar, feliz. Bésame con dulzura, sin premura, saborea mis comisuras; que crea que sin mis besos no sabrías como vivir aunque no sea así. Miénteme si crees que puedes volverme radiante. Muérdeme suave. Recuérdame que en tus mordiscos está el poder de hacerme daño pero que prefieres regalarme placer y sensualidad en cada bocado, y con ello sanarme. Sé mi luciérnaga y dame luz en mis noches más oscuras. Susúrrame al oído, erízame la piel, que ella sienta que es tuya. Dime que algún día te podrán ver los demás, que mi locura se volverá una realidad. Conviértete en carne y hueso, en arte... quiero desnudarte. Dame la seguridad de que siempre te quedarás. Yo sé que estás, no te puedo ver -dejé de hacerlo hace tiempo, ¡maldita edad!-, pero en cambio, te siento. En ocasiones noto como rozas mi piel, tu aliento cálido en mi nuca. Quédate. Deja que te siga imaginando, fantaseando, idealizando… dibujando tu silueta en el aire. No derrumbes mis castillos. No te marches, aunque solo sea para seguir cada noche... soñándote. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Manipulando la margarita

Tengo una margarita plantada en mi casa; la riego y le quito los pétalos que a mí me da la gana.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Ya no juego contigo

 


Eres una adivinanza que no consigo resolver;
y es que tus pistas me despistan hasta el punto de doler.
Me regalas versos que emanas de tus entrañas
con palabrería barata que fraguas de tus musarañas.
Descifrar tus enigmas se ha convertido en mi batalla,
no me dejas otra estratagema que declararte la guerra dándote tralla,
y anticiparme a tus pasos en un camino de piedras con los pies descalzos,
para acabar como una idiota arrojándome a tus brazos.

Es la última vez que intento desenredar esta maraña,
que después tengo que ir detrás uniendo los trozos que tú arañas.
Ya me he hartado de armar puzzles y de romperme la cabeza,
y de consumir medicinas para acabar con las migrañas,
que me produce el ser más díscolo de la naturaleza.
Cada acertijo me aproxima al borde de un precipicio,
Y, ¿sabes qué te digo? ¡Qué ya no juego más contigo!


¡Y ahora no respiro!

viernes, 14 de agosto de 2015

Del 1 al 10

   ¿Cariño?
   Sí, amor.
   Del 1 al 10, ¿cuánto me quieres?
   Diez. ¿Y tú a mí?
   Cinco.
   ¿Sólo 5?
   Tenía toda la vida para quererte hasta diez.

         Y me marché…




¡Quédate con alguien que cada día pueda quererte un poquito más!

miércoles, 12 de agosto de 2015

Contando ovequitos

Una ovejita, dos ovejitas, tres ovejitas... ¡ay, qué no me duermo!. Cuatro ovejitas, ¡ya no tomo más café!, cinco ovejitas, ¡ni Coca-cola!, seis ovejitas, uhm... ¡tengo hambre!, ¡y sed!, siete ovejitas, se aproxima un mosquito, ocho mosquitos, ¡ah no!, nueve ovequitos... Zzzzzzzzzzzzzz


(Si no puedes dormir, deja de contar ovejas y lígate al pastor) :P

martes, 11 de agosto de 2015

Porno erótico festivo

Si no puedo tirar confetis en tu cama, prefiero ver la tele sin quitarme el pijama.


viernes, 7 de agosto de 2015

Distancia bipolar

   La lejanía te araña; unas veces te cura y otras te mata. Cuentas con frecuencia los minutos que faltan para acortar distancia. Coleccionas recuerdos en andenes, en estaciones o cualquier lugar donde el reencuentro se haga consumar. El hormigueo recorre tu piel como la primera vez. El apetito de degustar tu rico manjar aumenta con cada bocado que le robas al trayecto marcado. La mirada de dos conocidos que se estaban olvidando. Un abrazo fundido en un solo cuerpo como un virus mortal que estrujas exprimiéndolo para que actúe de anticuerpo. Se aproxima un nuevo beso. Y todo lo demás… no os lo pienso contar.
   De nuevo un lugar donde estrechar a esa personita entre tus brazos, pero esta vez para achicar el camino de regreso a tu desierto de un zarpazo. Y cada vez es más diminuto tu cielo. Y cada vez es más fría la ciudad en verano a 40 grados. Y se aleja. Y, de nuevo, vuelta a empezar de 0.

    Pero ahora toca arañar curando.


(Este blog permanecerá cerrado unos días por amor. Disculpen las molestias)


jueves, 6 de agosto de 2015

Parodia de una burbuja



   Ella se encerró entre cuatro paredes de cristal. Allí creó su espacio vital. Llenó aquel lugar vacío con todo lo imprescindible en aquel momento de transición: unos libros para aliviar su culpabilidad, música que le hacía soñar, un abrigo por si el invierno venía frío, fotos por si era inevitable recordar lo que debía olvidar, millones de hilos por si tenía que coser alguna herida, un móvil por si alguien se decidía a llamarla, el top diez de películas para llorar, un cuaderno para pintar, un paquete de kleenex por desechar y unos tupperware con comida precocinada por si el hambre llegaba. En realidad, ella no necesitaba nada más. Veía el mundo a través de cristales y, aunque todo avanzaba, a ella no le importaba. Hasta que un día se dispuso a salir de allí. Primero para coger unos calcetines gruesos, después para tomar un poco de chocolate con leche y, por último —y no menos importante—, para vivir. 
   Recorrió las calles, mendigó amistades, hizo juegos malabares, andaba con cuidado para no pisar a nadie... Pero un día se sintió juzgada (a veces las personas nos equivocamos de enemigos) Ella no comprendía la gran dificultad de nadar a contra corriente. ¿Por qué todos tenemos que ser iguales? Y entendió que una sola persona no puede ganar una batalla y, para colmo, estaba demasiado cansada. Regresó a su burbuja de cristal, jurándose a sí misma que solo volvería a salir si lo que viera a través de ella fuese completamente transparente. Ahora desempolva aquellos libros obligados. A pesar de que con frecuencia se siente sola, sabe que dentro de su burbuja nada la puede dañar y que ella es la encargada de buscar su propia felicidad.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Mi tiempo

Me gustaría hablar con el encargado de robar el tiempo. Le tengo preparada una lista de reclamaciones interminables y de sugerencias varias. Ya no me creo la excusa de que “el tiempo vuela”, porque yo nunca le puse alas ni lo llevé a hacer parapente. Ese individuo me lo está usurpando y coleccionando para sí mismo, y no tengo ni remota idea de cómo frenarlo ni cómo puedo recuperarlo. Odio el tic tac de los relojes porque me recuerdan a mi ladrón; el segundero pasa a un ritmo de vértigo.
¡Deja de apoderarte de mis minutos o amenazo con empezar a robar horas a diestro y siniestro! No me vengas con el pretexto de que se me está “escapando de las manos”; tengo unas manos enormes y mis dedos los he sellado con adhesivo instantáneo.
Como venganza haré mis días más intensos, me reiré de ti y del mundo entero, y me iré tan lejos que no sabrás donde localizarme para expoliarme mi bien más preciado y perecedero.

Ni te molestes en contar hasta 10, ya no estaré. Y cuando tenga que sumar un año más me cobraré un año menos. Es lo justo, ¿no? O si quieres podemos llegar a un acuerdo, un pacto entre dama y caballero: ni para ti ni para mí, lo detenemos.



¿Amor?

Sentir que estás poseído por otro tú que come mariposas y no saber si llamar a un cura o continuar con el Síndrome de Estocolmo.


¡Quiéreme bien!

No necesito a alguien que me quiera mucho ni tan rápido. Quiéreme menos, quiéreme lento... Pero por una vez en mi vida, aunque sea por un instante, me gustaría que alguien me quisiera bien.

¡Sed artistas de corazón!

martes, 4 de agosto de 2015

So payasa



Anoche dejé acostada mi nariz colorada sobre la mesita de noche hasta que la sonrisa de payasa de nuevo brote.

Y tal vez el pronóstico más real sea que nuevamente la vuelva a usar, porque no se jugar sin ponerme mi disfraz. Una capa invisible que tapa lo que mi estupidez delata; una armadura de hojalata que protege un corazón forrado de papel de aluminio arrugado y sin alma. Un órgano que late descompasado al son de una chirigota carnavalesca o con un anuncio televisivo de un antical de menta. Un corazón sin matiz ni color, sin meta y sin sabor.

Y cuando me despojo de mis vestiduras, ahí está, palpita veloz y tiembla con otro corazón con igual melodía e idéntica piel de melocotón, hasta que se paraliza y coloca de nuevo su máscara para evitar disfrutar de esa brujería; sin pretender vencer con su daga afilada al dragón tentador. Un corazón que se mueve como un peón, el cual devora el más diestro jugador.

Es fácil huir del placer como lo es de arroparse en el miedo; ironías del tropiezo de disfraces sin dueño.

Y tal vez el presagio más real sea que en breve la vuelva a usar, porque no se conquistar sin la picardía de reír al compás de teatrales carcajadas maquilladas de sueños.

Pero de momento la nariz permanece inhabilitada, buscando un bufón con sonrisa sarcástica y hechizo en la mirada o hasta que el telón se abra y el público aplauda.   


   

lunes, 3 de agosto de 2015

¡Sujétalo con fuerza o déjalo marchar!

Desde que un niño mira por primera vez el globo de helio —sin helio un globo nunca estaría contento— que ha elegido, que frecuentemente coincide con su superhéroe más admirado o el personaje de los últimos dibujitos que adora, y por fin se hace con él, un hormigueo recorre su pequeño cuerpo con una ansiedad que le lleva a suplicar por tenerlo. "¡Mamá!, ¡mamá!", apunta con su diminuto dedo. "¡Es mío, por fin es mío!", y lo sujeta con firmeza con su manita. Es una sensación similar a un posterior atracón de chocolate; como diría Mick Jagger: Satisfaction. Y recorre su camino sonriente, mira hacia arriba y contempla orgulloso su nuevo trofeo. "¡Siempre estará conmigo, allá donde vaya!". Es feliz, tan feliz que olvidó que su meta aquel día era que mamá le comprase un helado y lo llevase a los columpios. Y lo cuida, lo mima y lo luce con deleite a todos los niños con los que se cruza en su recorrido. "¡Es mío, chínchate!". Pero, de repente, capta su interés otro juguete y suelta sus manos para dirigirse a él. Por un instante olvida que en una de ellas tenía el globo; y éste se escapa, asciende y lentamente se va alejando. Durante breves segundos se congela el tiempo. Pero su mano no alcanza a atraparlo, reacciona tarde, mirando hacía ambos juguetes, aunque ahora el que creía que nunca perdería se marcha. De improviso, comprende que quería conservarlo durante más tiempo, que lo eligió a él entre tantos. Pero se olvidó de su compañero, su nuevo amigo. El globo sólo se quedaría con él si lo sujetaba con fuerza porque su verdadero instinto es volar. Sin embargo, el pasmado niño mirando hacia el cielo no lo sabía, a pesar de que su madre, para evitarle el posterior dolor, insistió en que podía ocurrir. Llora, patalea... Busca desesperadamente otro globo, pero ya nunca será el mismo.
A veces escapan accidentalmente, otras veces los dejamos escapar sin más; y aunque cuando los perdemos de vista nos solemos olvidar de ellos, estos perdurarán durante tiempo. No desaparecen del todo, se mantienen durante meses, años… volando sin rumbo en el cielo.

El pequeño aprendió una lección aquel día: “Sujétalo con fuerza o déjalo marchar”. Pero si lo sueltas, sé feliz, porque por el motivo que decidieses en aquel instante, tú lo dejaste ir.



Moraleja pampirolada: Al menos, antes de que se marche, róbale un poquito de helio. Aspíralo y pégate unas risas.

domingo, 2 de agosto de 2015

Hasta el moño

Harta de las medias tintas, de las verdades a medias;
de las cosas inacabadas, de las citas aplazadas;
de los viajes pendientes, de amores efervescentes;
de que me digan que no estoy centrada, y de tenerme que centrar;
de las personas bipolares, de la política gris;
del amor conformista en general y del tuyo en particular;
del que se toma el café conmigo y con su móvil a la vez;
de abrazarte dos veces al mes;
de las conversaciones que se interrumpen, de promesas en el aire,
de entrevistas en las que: “Ya te llamaré”;
de las dietas de Nutella y sacarina en el café;
de que te vayas a por tabaco y no saber cuándo te volveré a ver...

Hasta el coño moño.


Colorín colorado

No somos ni veganos ni perdices. Pronostico que hay bastantes posibilidades de terminar felices.


sábado, 1 de agosto de 2015

Mi medio tornillo

No te lo vas a creer… ¡Me he enamorado de ti! Pero preferiría que no se lo dijésemos a nadie, que guardásemos el secreto para que nadie lo estropee. Shhh…
Abril siempre serás tú y el recorrido por tus pecas. Un beso robado, una botella de vino, un tobogán, un desliz.
En mayo bailábamos a distancia cuando sonaba nuestra canción preferida y te esperaba en mi entrada como un gnomo de jardín. 
Junio: canela en rama con vistas al mar, mordiscos deliciosos, confesiones en un bar, picaduras de mosquitos compartidas durante noches sin dormir, y quererte tanto como me podía permitir.
Julio me sorprendió convirtiéndote en mi persona favorita. Mi corazón ganó a la razón, y te adopté y encesté; tú me diste una oportunidad y no la pienso desaprovechar.
Me fuiste dejando tus miguitas de cariño como Garbancito y estaré encantada de recogerlas durante este mes. Agosto promete.

Septiembre, octubre, noviembre… aún no sé a cuantos kilómetros te sonreiré y cómo de fuerte soplaré para apagar las velas de tu pastel, pero de lo que no tengo duda es de que te buscaré y... te amaré.


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