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jueves, 3 de septiembre de 2015

Me como el mundo (o un helado)

  Freno mis ansias de gritarle al mundo entero que por ti todo lo puedo cuando amanece y me sigues queriendo. Rompes mis esquemas, dónde está el truco porque todo no puede ser tan perfecto entre dos personas con tantos defectos. Me siento Tarzán en una tirolina, un genio con lámpara mágica sin —y a— tope de deseos, un superviviente de un tsunami llamado Vida. Eres mi King Kong cuando me acurrucas en tu regazo. Lo siento, Shakespeare, pero un veneno no acaba con lo nuestro. Ni hay beso que me despierte de este ensueño. Ni tabla en que no quepamos los dos, si yo salto, tú también saltas ; o nos congelamos en este océano de paz y ficción. En este terremoto me agarro a tus nalgas. Y no hay piraña que te arranque de mis entrañas. Eres mi confesor sin alzacuello, yo ya llevo bien alto lo de ser un cisne negro. Orgullosa de este imperio que tú y yo hemos fundado, sin reglas ni promesas, solo un código impreso de quién da el primer beso. Sin tirachinas con piedras u obstáculos que no se puedan salvar con un abrazo. Contigo al lobo lo vuelvo cordero. Me has dado el privilegio de comerme el mundo, con dentadura postiza y sin aliñar. ¡Y qué más da! Si delante de ti yo me quito el sombrero, es porque tú eres todo un caballero. ¿Y qué le hacemos cuando se me va quedando abreviado decirte "te quiero"? Me como el mundo a tu lado pero si tú quieres te dejo un bocado de este suculento helado. Y comienzo a decirte que "te amo" (antes de que este sueño se me derrita en mis manos)


¡Devoremos el amor antes de que se nos disuelva!

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